sábado, 5 de mayo de 2012

Itinerario


Nuestro viaje comenzó en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza. Tomamos un vuelo directo Buenos Aires – Bogotá. Llegamos un viernes al mediodía, dos horas de ventaja le sacamos al viernes que dejamos atrás en Argentina.
El mismo viernes salimos a caminar por la ciudad, conocimos la plaza Bolívar, el centro histórico y casi inmediatamente encontramos el once, el mercado negro.
Hacia frio y estaba gris, aun teníamos la ansiedad de los primeros días y estábamos cansados por l vuelo, por haber dormido poco y por la antelación que veníamos controlando de los últimos meses. Asique después de un almuerzo nutritivo y nada sabroso, volvimos al hotel donde dormí mi primera siesta.
Al ratito se hizo de noche y mientras me revolcaba en nuestra cama de hostel, Mati les convidaba mate a unos viajeros en el patio. Cuando termino de caer la noche la temperatura promediaba los 9 grados. Habíamos buscado información acerca de los lugares a visitar, hecho números, imaginado, planeado pero nada nos preparó para ese frio. Dormimos bien acurrucados como en el mejor de los inviernos, pero antes de eso, nos hicimos unos fideitos y vimos una peli.
Menos mal que viajamos a Colombia para poder hacer eso, bien sabemos que en Buenos Aires nunca habríamos podido. ;)
Nos fuimos a dormir después de un cafecito caliente y de empezar a preocuparnos por el poco abrigo que habíamos traído.
Al otro día amanecimos y después del desayuno salimos nuevamente hacia el centro. Ya habíamos recorrido el barrio de la Candelaria. Al revés e muchas ciudades, en esta el casco histórico está separado del “centro” común para nosotros. El barrio antiguo es donde están las antiguas casonas, las calles angostas y empedradas. A algunas cuadras se encuentran las oficinas y más allá la plaza Mayor junto con los edificios gubernamentales y la Catedral.
Después de comer un sándwich en uno de estos centros, salimos camino hacia Monserrate. Decidimos no ir ese mismo día al Museo del Oro, famosísimo y un must para la ciudad, aun estando a la vuelta. Esto fue porque los domingos la entrada al museo es gratuita y esto era sábado.
Caminamos por más de una hora cuesta arriba hasta llegar a la iglesia sobre el cerro. En el camino perdimos el aliento y las ganas de seguir conociendo. Cuando llegamos abajo me di cuenta de que se siente estar apunado, o algo así. Náuseas y dolor de cabeza eran los síntomas más leves, asique una vez más a volver al hostel casi corriendo a refugiarnos, aunque ya no a la cama para la siesta porque ya habíamos dejado la habitación para mudarnos hacia otra parte de la ciudad. Pocos minutos después nos pasarían a buscar Jason y Fer/Jenny para ir a la casa donde se crio mi amiga personal Angélica María.
Allí nos quedamos dos noches, con ellos salimos de juerga, perdón, de rumba el sábado a la noche. Comimos arepas rellenas, probamos la primer cerveza colombiana y nos bailamos unas salsas y unos ballenatos. Dormimos en lo de Jason y volvimos a la casa a eso de las 9 am. Para romper la cama de nuevo y dormir hasta el mediodía.
Al centro de nuevo, a caminar la Candelaria. Y ahora como sí se largó a llover, nos refugiamos en un lindo café a tomar la única merienda cara que tuvimos hasta ahora.
Día lunes empezamos tempranito, después del desayuno, arepas con queso, café con panela y jugo de fresa (o era mora?), partimos para Zipaquirá, a conocer el pueblo, la Catedral de la Sal y degustar el helado de tres leches, que gloria. (Leche, crema y pucha… no puedo creerlo dos meses comiéndolo y ahora no me acuerdo la tercera L )
de la terminal a la vuelta, sacamos el pasaje para esa misma noche camino a Armenia para iniciar nuestra recorrida por el Eje Cafetero. Viajamos toda la noche con un calor sofocante y en un bus súper incómodo y llegamos a las 7 am para cambiar de bus y llegar a Salento a tomar un desayuno a eso de las 8.30.
Recorrimos Salento y el Valle en ese y medio día más. Nos quedamos en un hostel genial, The Plantation House, que elegimos después de 1 hora de caminar y averiguar precios. Era el más caro. La verdad, para elegir eso, no hubiéremos buscado tanto.
También después de largo rato, nos decidimos el miércoles a dejar Salento para quedarnos a disfrutar en la Hacienda de Café Venecia. Allí nos rascamos todo el día, nos metimos a la pileta, leímos, nos volvimos a rascar. Lo gracioso es que decíamos que nos estábamos tomando un pequeño descanso. De que! Si habíamos recorrido por solo 5 días. Que genios.
El día viernes al mediodía partió el jeep que nos dejaba en el centro de Manizales. Así lo pedimos para poder caminar unas cuadras y luego tomarnos el cable para tener aunque sea una vista aérea de la ciudad que ya no visitaríamos.
A las 9 de la noche estábamos en Medellín. Con los consejos de 7 personas distintas, dos horas intentando reservar un hostel, y nuevamente agotados, llegamos al Sanchina Hostel en la zona rosa, el poblado. Pura joda, mucha música, mucha gente y un aire súper buena onda. La ciudad de la eterna primavera. Aunque al otro día vimos que era un poquito más tirando al verano. Nada comparado con todo lo que vimos después.
Nuevo sábado: paseo por la plaza Botero, entrada al Museo y vista de la colección. Aprendimos sobre Colombia, y la guerrilla y Pablo Escobar.
Domingo a la mañana partíamos para Guatapé. (Esta historia ya la conocen)
allí trabajamos por una semana, caminamos hasta la cascada, salimos a andar en kayak (hasta ahí nomás), caminamos, anduvimos en bici, comimos mucho.
A la hora de salir para Cartagena, apareció la promo y posibilidad de i en avión, asique arrancamos para el aeropuerto. La noche del lunes ya estábamos tomándonos un taxi para ir al hotel.
No teníamos reserva asique dormimos en uno bien mugroso. Al otro día ya buscamos uno bien limpito, una pensión al fin pero una cama grande con sábanas blancas impecables y hasta nos quedamos haciendo fiaca ahí.
Vimos el mar, la ciudad vieja, hermosa, caminamos, caminamos. Llegamos al otro lado de la playa, l barrio nuevo Boca Grande, vimos el primer cartel de Mc Donalds aunque nos resistimos. Mentira, haba que caminar en sentido opuesto y nos ganó la fiaca.
Tres noches después y salíamos para Santa Marta que habíamos conseguido trabajo. Long story short: no se concretó asique seguimos el viaje.
Desde el hostel Dreamers en esta ciudad, armamos un bolsito para 3 días, compramos comida en el súper (hasta queso blanco, sí queso blanco), jugos, arroz y más cosas.  Y partimos hacia el Parque Nacional Tayrona. Los mosquitos nos picaron tanto que decidimos acortar la estadía a un solo día. La playa era fantástica, era la playa paradisiaca que veníamos buscando, agua cristalina, arena blanca y un sol que no te deja ver. Una costa larga y hasta una playa nudista. Obvio que lo intentamos. Solo que había 2 personas más, eran las 8 am y apenas vino alguien nos tapamos.
Pasamos media tarde y nos volvimos. Había 2 horas de caminata, recordemos el bolso de los 3 días. La comida era cara cara (no podíamos cocinar lo nuestro, nadie nos avisó
L )
volvimos al Dreamers, a la pile, a las duchas que agua fría. Armamos un nuevo bolsito, esta vez bien livianito y basta y partimos para Taganga, el pueblo de pescadores.
Buscamos hostel barato, nos quedamos una vez más con uno de los más caros. Estábamos tan bien pero tan bien que terminamos quedándonos 4 noches. Hasta fuimos poco a la playa. Lo que más me importaba era terminar el libro que había comenzado hacia poquito menos de una semana. The Help, se hizo una película el año pasado, genial. Teníamos la playa a solo 1,5 cuadra. Y a la misma distancia la calle principal (que era la costanera). Aun así hicimos más hamaca que arena y agua. De hecho creo que me metí solo un día.
Averiguamos y el último día decidimos partir directamente a la terminal para ir hasta la punta del país, a La Guajira, Cabo de la Vela. Habíamos dejado nuestras mochilas en el hostel, pero tendrían que esperarnos un poquito más. Y la misma ropa que veníamos usando hacia 4 días, tenían que aguantar un poquito más también.
Llegamos al fondo del mapa y ahí nos quedamos dos días más. Aquí se junta el desierto con el mar. No hay nada pero nada. O sí, hay. Pero poco. Dormimos en hamaca mirando al mar, comimos, perdón, comí pescado. Hay algunas tiendas con techos de paja y nada más. No hay duchas, pero si baldes con agua dulce. Cuando me dijeron que nos daban dos a cada uno dije queee? Y cuando terminé de bañarme con el primero solo no podía creerlo. Me alcanzo hasta para lavar la maya.
Pegados al agua pero no tanta humedad. Dormimos genial, descansamos y todo con el sonido de las olas a metros nuestro.
La 4x4 arrancaba solo a las 4 am. A las 3.45 pasaba la camioneta con las luces altas, bajaba el sr y pegaba un grito. A oscuras, solo con linternas, agarramos todo y nos subimos al camión. Perdón, dije 4x4, nada que ver. Camioneta con tablones de madera atrás. Así las 3 horas que nos separaban de la primera ciudad. A la ida: terminal Santa Marta – Rio Hacha – Tres Vías – Cabo. Bus – auto – camión. A la vuelta nos ahorramos uno! Iuju. Pero volvimos en un bondi roto, hecho torta. Nos hicieron esperar 45 minutos parados al lado del conductor hasta que se vaciara un poco el bus y luego de acomodarnos en las viejas butacas y que me dormí, entro una señora con un colchón de dos plazas, el cual tenía apoyado contra mí y los  5 pasajeros para adelante y para atrás. Me sirvió para taparme de los 150 vendedores ambulantes que entraron a mostrar su mercadería. Entre ellos uno que parecía aun pastor, que hablaba de dios todopoderoso y concluía ofreciendo una crema que hacía las veces de dios. Me la contaron esta, solo la recuerdo en sueños.
Volvimos a Santa Marta, después de una semana de haber desaparecido, tomamos nuestras cosas y salimos nuevamente a Cartagena.
De apurados que somos y de desconfiados, nos habíamos perdidos EL atractivo, LA playa. Asique llegamos una vez más de tarde noche para salir al otro día para Isla Barú…
Continuara…

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